¿Dónde está el Oxus?

El Tesoro del Oxus: Oro Aqueménida

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El Tesoro del Oxus es una colección extraordinaria que arroja luz sobre la maestría artesanal y la riqueza del Imperio Aqueménida. Compuesto por aproximadamente 180 objetos de metales preciosos, principalmente oro y plata, este conjunto de artefactos data de un período crucial en la historia antigua, entre el 550 y el 330 a.C., durante el apogeo de la dinastía fundada por Ciro II el Grande. Su descubrimiento, envuelto en cierto misterio, lo convierte en una de las colecciones más significativas para el estudio del arte persa de la época.

¿Qué es el Oxus?
El Oxus fue el núcleo de las sucesivas civilizaciones y de los reinos bactrianos. El río era la línea fronteriza entre la satrapía persa de Sogdiana hacia el norte y Bactriana hacia el sur, mientras que la parte occidental pertenece a los nómadas.

Aunque la procedencia exacta y las circunstancias del hallazgo inicial son inciertas, la mayoría de los artefactos del Tesoro del Oxus se encuentran hoy en día en el Museo Británico de Londres, donde son admirados por su exquisitez y detalle. La colección llegó a manos británicas a finales del siglo XIX a través de una serie de eventos que involucraron a comerciantes, un robo y la intervención de oficiales y anticuarios británicos.

Índice de Contenido

¿Qué es el Tesoro del Oxus?

El Tesoro del Oxus es una colección de unos 180 objetos de metales preciosos que se atribuyen al Imperio Aqueménida. Se cree que fue descubierto entre 1876 y 1880 cerca del río Oxus, en la orilla norte, cerca de la actual Takht-i Sangin en Tayikistán. La colección incluye una amplia variedad de artículos, desde joyas elaboradas y vasijas finamente trabajadas hasta figurillas, placas votivas y objetos rituales. Su datación en el período Aqueménida (c. 550-330 a.C.) se basa en gran medida en las similitudes estilísticas e iconográficas con otras obras de arte persa de la época, especialmente los relieves de Persépolis y hallazgos en Susa.

La naturaleza de algunos objetos, como las placas votivas de oro y las figurillas devocionales, sugiere que el tesoro pudo haber pertenecido a un templo. Se ha especulado que pudo haber sido un tesoro de templo saqueado y luego enterrado para su posterior recuperación, o quizás escondido para evitar precisamente el saqueo. Una teoría, aunque especulativa, lo vincula con el rey seléucida Antíoco III, quien supuestamente saqueó templos para pagar una indemnización de guerra a Roma después de su derrota en la Batalla de Magnesia en 190 a.C.

El Río Oxus: Escenario del Hallazgo

El nombre de la colección proviene del río Oxus, conocido en la actualidad como Amu Daria. Este importante curso de agua fluye a lo largo de unos 2400 km a través de los modernos Tayikistán, Afganistán, Turkmenistán y Uzbekistán, desembocando en el mar de Aral. En la antigüedad, el Oxus atravesaba regiones históricas como Ferganá, Bactriana, Oxiana, Sogdiana y Khiva.

El Oxus, junto con el Jaxartes (actual Syr Daria), a menudo se consideraban ríos gemelos. Aunque naturalmente solo irrigaban áreas limitadas, fueron fundamentales para el desarrollo de sistemas de irrigación a gran escala que sustentaron ricas civilizaciones en la región. El río Oxus fue el corazón de sucesivas civilizaciones y reinos, sirviendo a menudo como frontera, por ejemplo, entre la satrapía persa de Sogdiana al norte y Bactriana al sur. La parte occidental era territorio de nómadas.

La importancia histórica del río se subraya por eventos como los cruces de Alejandro Magno entre 329 y 327 a.C. Posteriormente, la región oriental del Oxus se convirtió en el núcleo del reino greco-bactriano, mientras que la parte occidental fue territorio de los parni, ancestros de los partos. Es en este contexto geográfico e histórico, a orillas de este río milenario, donde se localiza el hallazgo del tesoro.

Descubrimiento y Viaje al Museo Británico

La historia del descubrimiento del Tesoro del Oxus está marcada por la incertidumbre y la especulación. No hay registros claros de quién lo encontró inicialmente o las circunstancias exactas. Las primeras menciones del tesoro aparecen en correspondencia y publicaciones de finales de la década de 1870. Se habla de campesinos que lo encontraron en el lecho del río, o de un hallazgo durante una sequía o un deslizamiento de tierra.

Según los informes, el tesoro fue vendido a comerciantes indios. En 1880, un grupo de estos comerciantes fue asaltado en Kabul, Afganistán. Un oficial británico, el Capitán Francis Charles Burton, persiguió a los ladrones y recuperó la mayor parte del botín. Como agradecimiento o a modo de compensación, los comerciantes le vendieron uno de los brazaletes de la colección. Este evento llamó la atención de las autoridades británicas, incluido Sir Alexander Cunningham, topógrafo arqueológico de la India con amplio conocimiento de la región.

Cunningham compró varias piezas a los comerciantes, y posteriormente el anticuario británico Sir A. W. Franks adquirió la mayoría o el resto de los objetos. Franks, quien era administrador del Museo Británico, legó su colección a esta institución. Así fue como la mayor parte del Tesoro del Oxus terminó en Londres. Es importante mencionar que, aunque inicialmente se creyó que unas 1500 monedas de oro formaban parte del hallazgo original, la teoría actual sugiere que estas monedas (con procedencia de Cilicia y otras regiones) fueron añadidas posteriormente por los comerciantes para aumentar el valor del lote, y no se consideran parte del tesoro propiamente dicho.

Los Tesoros en Detalle: Una Mirada a las Piezas Clave

El Tesoro del Oxus es notable por la diversidad y la calidad de sus objetos. Cada pieza cuenta una historia sobre la vida, las creencias y las habilidades artísticas del Imperio Aqueménida.

Carros Modelo

Dos carros modelo de oro, uno incompleto, son de las piezas más impresionantes. Tirados por caballos intrincadamente modelados, cada carro lleva dos figuras: un conductor y un pasajero. Los detalles son asombrosos, desde las expresiones faciales hasta la postura de los caballos y la ornamentación del carro, que incluye la figura del dios egipcio de la fertilidad, Bes.

Brazaletes con Grifos

Dos brazaletes de oro con terminales en forma de grifos destacan por su diseño y artesanía. Originalmente incrustados con piedras preciosas y de colores (que se han perdido), estos brazaletes reflejan la influencia de diversos estilos artísticos presentes en el vasto imperio Aqueménida, combinando motivos persas con la estilización abstracta y los colores fuertes característicos del arte escita.

Vaina de Akinakes

Una vaina ornamentada para una espada corta (akinakes) es otra pieza maestra. Decorada con una escena de caza de leones, esta vaina es casi idéntica a las representadas en los relieves de Persépolis, lo que refuerza la conexión del tesoro con la realeza o la nobleza aqueménida y sugiere un origen posiblemente medo en su diseño.

Pez de Oro

Un pez de oro hueco, de unos 24 cm de largo y 370 gramos de peso, con la boca abierta y un lazo para suspenderlo. Se cree que pudo haber contenido aceite o perfume. Identificado comúnmente como una carpa, una investigación más reciente sugiere que podría representar un barbo de Turquestán, un pez endémico del río Oxus, lo que añade un detalle fascinante sobre la posible conexión local de algunos objetos.

Figurillas

La colección incluye figurillas humanas y de animales en oro y plata. Algunas figurillas humanas son claramente objetos votivos, es decir, representaciones de personas en actitud de oración o devoción, destinadas a ser colocadas en un templo. Esta práctica tiene raíces en la Mesopotamia antigua, donde se usaban figurillas para representar a un individuo ante la deidad. Otras figurillas humanas parecen ser decorativas o conmemorativas. Las figurillas de animales, como caballos, podrían haber servido como colgantes o amuletos, continuando una antigua tradición de usar motivos animales con significados simbólicos (por ejemplo, el perro para ahuyentar espíritus malignos).

Placas Votivas

Las 51 placas votivas son una parte significativa del tesoro que refuerza su vínculo con un sitio religioso. Son láminas rectangulares de oro fino, la mayoría representando figuras humanas llevando ramas de barsom, una ofrenda asociada con deidades como Anahita. Algunas placas muestran animales. Aunque el estilo a menudo se identifica como medo, es probable que fueran encargadas por persas ricos. La calidad varía, sugiriendo que algunas pudieron haber sido hechas por aficionados.

¿Qué son los tesoros de Oxus?
El brazalete del Oxus, que forma parte del conocido como Tesoro del Oxus, es un brazalete de oro que data del año 500 a. C., en época de la dinastía Aqueménida fundada por Ciro II el Grande, que dominó Persia y gran parte de Mesopotamia desde el año 550 a. C.

Joyas y Vasijas

Además de los brazaletes con grifos, el tesoro contiene otras joyas y apliques en oro y plata, con motivos como el dios Bes o figuras animales. Un anillo de oro con una criatura que podría ser el Simurgh, una entidad benévola de la antigua religión iraní, destaca como un posible amuleto. También hay torques (collares rígidos) de alta calidad artesanal, similares a los encontrados en Susa. Las vasijas, principalmente cuencos y jarras de oro y plata, probablemente se usaban para el vino y son similares a las encontradas en la tumba aqueménida de Susa. A diferencia de las de Susa (fundidas), las del Oxus parecen haber sido hechas a mano individualmente.

El Tesoro y el Imperio Aqueménida

La atribución del Tesoro del Oxus al período Aqueménida se sustenta en múltiples evidencias. Como se mencionó, muchas piezas tienen paralelos directos o estilísticos con el arte oficial aqueménida, particularmente los relieves monumentales de Persépolis y los hallazgos arqueológicos en Susa, una de las capitales del imperio. La vaina de akinakes, los brazaletes con grifos y las vasijas tienen claras similitudes con objetos representados en el arte o encontrados en contextos aqueménidas.

La presencia de influencias diversas (egipcia, escita, meda) en el tesoro no debilita la atribución aqueménida, sino que refleja la naturaleza cosmopolita del imperio. El Imperio Aqueménida integró artesanos y estilos de todas sus vastas provincias. Textos como la carta del palacio de Darío en Susa mencionan a orfebres egipcios y medos trabajando en la corte. Delegaciones de diversas regiones (medos, escitas, sogdianos, lidios, armenios) traían tributos que incluían brazaletes y vasijas de metales preciosos, como se ve en los relieves de Persépolis. Esto sugiere que objetos de este tipo eran apreciados y producidos en diferentes partes del imperio, lo que dificulta atribuir una pieza específica a una región única, pero confirma su pertenencia al entorno cultural aqueménida.

El descubrimiento de la tumba de un noble aqueménida en Susa en 1901, que contenía joyas y vasijas similares a las del Tesoro del Oxus, proporcionó una confirmación adicional de la autenticidad y la datación de la colección del Oxus.

Controversias y Legado

A pesar de su aceptación general como una auténtica colección aqueménida, el Tesoro del Oxus no ha estado exento de controversia. A principios del siglo XXI, el académico Oscar W. Muscarella cuestionó la unidad de la colección y sugirió que algunas piezas, especialmente las placas votivas de menor calidad, podrían ser falsificaciones modernas. Sus argumentos se basaban en la incertidumbre sobre la procedencia exacta y el confuso camino que siguió el tesoro hasta llegar a manos británicas. Sin embargo, el consenso general entre los expertos sigue siendo que la colección es auténtica y representa el arte metalúrgico aqueménida.

Otra cuestión ha sido la petición de repatriación. En 2007, el presidente de Tayikistán solicitó la devolución del tesoro a su país. El Museo Británico denegó la solicitud argumentando que los objetos fueron adquiridos legalmente en el siglo XIX. No obstante, en 2011 se llegó a un acuerdo para enviar réplicas de los artefactos a Tayikistán para su exhibición en el Museo Nacional, un acuerdo que se materializó en 2013.

El Tesoro del Oxus sigue siendo una de las fuentes más importantes para comprender la orfebrería y la platería del Imperio Aqueménida. Ofrece una visión invaluable de las técnicas, los estilos, los motivos iconográficos y posiblemente las prácticas religiosas y sociales de este poderoso imperio que dominó gran parte del mundo antiguo. La maestría demostrada en piezas como los brazaletes con grifos o los carros modelo es un testimonio del alto nivel artístico alcanzado por los artesanos de la época.

Tabla Comparativa: Ejemplos de Artefactos

Tipo de ObjetoMaterial PrincipalDescripción ClavePosible Propósito
Brazaletes con GrifosOroCon terminales en forma de grifos, originalmente incrustados.Joyería de élite, posible valor simbólico/protector.
Carros ModeloOroMiniaturas detalladas con caballos, conductor y pasajero.Ofrenda votiva, representación de estatus.
Vaina de AkinakesOroDecorada con escena de caza de leones.Elemento decorativo/simbólico para espada corta, asociado a la realeza/nobleza.
Pez de OroOroHueco, con boca abierta y lazo. Posiblemente un barbo de Turquestán.Contenedor de aceite/perfume, posible amuleto o símbolo local.
Placas VotivasOroLáminas finas con figuras humanas/animales, a menudo llevando ofrendas.Ofrendas a deidades, representaciones de peticiones.
Figurillas HumanasOro/PlataRepresentaciones de individuos en diversas actitudes.Objetos votivos (en actitud de oración), decorativos, o conmemorativos.

Preguntas Frecuentes sobre el Tesoro del Oxus

¿Qué es exactamente el Tesoro del Oxus?
Es una colección de alrededor de 180 objetos de oro y plata del período del Imperio Aqueménida (c. 550-330 a.C.), que incluye joyas, vasijas, figurillas y placas votivas.

¿Dónde se encontró el Tesoro del Oxus?
Se cree que fue descubierto cerca de la orilla norte del río Oxus (actual Amu Daria), cerca de la ciudad de Takht-i Sangin en Tayikistán, entre 1876 y 1880.

¿Quién encontró el Tesoro del Oxus?
Las circunstancias exactas del hallazgo son inciertas. Los informes iniciales mencionan a pobladores locales, pero no se identifica a personas específicas involucradas en el descubrimiento original.

¿Dónde se encuentra actualmente la mayor parte del Tesoro del Oxus?
La mayor parte de la colección se exhibe en el Museo Británico en Londres.

¿Por qué es importante el Tesoro del Oxus?
Es una de las colecciones más ricas y variadas de arte metalúrgico del Imperio Aqueménida, proporcionando información valiosa sobre la artesanía, la iconografía, las influencias culturales y posiblemente las prácticas religiosas de la época.

¿Es auténtico el Tesoro del Oxus?
Aunque ha habido debates y algunas dudas planteadas, el consenso general entre los académicos es que la colección es auténtica y representa genuinas obras de arte aqueménidas.

¿Por qué se le llama Tesoro del Oxus?
Recibe su nombre del río Oxus, cerca del cual se cree que fue descubierto.

¿Contiene el tesoro monedas?
Inicialmente se asociaron 1500 monedas de oro con el hallazgo, pero ahora se cree que fueron añadidas posteriormente por los comerciantes y no forman parte del tesoro original.

¿Se han devuelto piezas del tesoro a Tayikistán?
No se han devuelto las piezas originales, pero el Museo Británico envió réplicas de la colección a Tayikistán para su exhibición.

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Alberto Calatrava

Nací en la Ciudad de Buenos Aires en 1956, en un entorno donde el arte y la artesanía se entrelazaban con la vida cotidiana. Mi viaje en la platería comenzó en el taller de Don Edgard Michaelsen, un maestro que me introdujo en las técnicas ancestrales de la platería hispanoamericana, herederas de siglos de tradición colonial. Allí, entre martillos y limaduras de plata, descubrí que el metal no era solo un material, sino un lenguaje capaz de expresar historias, culturas y emociones. Complemé mi formación como discípulo del maestro orfebre Emilio Patarca y del escultor Walter Gavito, quien me enseñó a ver la anatomía de las formas a través del dibujo y la escultura. Esta fusión entre orfebrería y escultura definió mi estilo: una búsqueda constante por capturar la esencia viva de la naturaleza en piezas funcionales, como sahumadores, mates o empuñaduras de bastones, donde animales como teros, mulitas o ciervos se convertían en protagonistas metálicos.Mis obras, forjadas en plata 925 y oro de 18 quilates, no solo habitan en colecciones privadas, sino que también forman parte del patrimonio del Museo Nacional de Arte Decorativo de Buenos Aires. Cada pieza nace de un proceso meticuloso: primero, estudiar las proporciones y movimientos del animal elegido; luego, modelar sus partes por separado —patas, cabeza, tronco— y finalmente unirlas mediante soldaduras invisibles, como si el metal respirara. Esta técnica, que combina precisión técnica y sensibilidad artística, me llevó a exponer en espacios emblemáticos como el Palais de Glace, el Museo Histórico del Norte en Salta y hasta en Miami, donde el arte argentino dialogó con coleccionistas internacionales.En 2002, decidí abrir las puertas de mi taller para enseñar este oficio, no como un mero conjunto de técnicas, sino como un legado cultural. Impartí seminarios en Potosí, Bolivia, y en Catamarca, donde colaboré con el Ministerio de Educación para formar a nuevos maestros plateros, asegurando que la tradición no se perdiera en la era industrial. Sin embargo, mi camino dio un giro inesperado al explorar el poder terapéutico del sonido. Inspirado por prácticas ancestrales del Himalaya, comencé a fabricar cuencos tibetanos y gongs usando una aleación de cobre y zinc, forjándolos a martillo con la misma dedicación que mis piezas de platería. Cada golpe, realizado con intención meditativa, no solo moldea el metal, sino que activa vibraciones capaces de inducir estados de calma profunda, una conexión entre el arte manual y la sanación espiritual.Hoy, desde mi taller Buda Orfebre, fusiono dos mundos: el de la platería criolla, arraigada en la identidad gaucha, y el de los instrumentos sonoros, que resonan como puentes hacia lo intangible. Creo que el arte no debe limitarse a lo estético; debe ser un vehículo para transformar, ya sea a través de un sahumador que evoca la Pampa o de un cuenco cuyas ondas acarician el alma. Mi vida, como mis obras, es un testimonio de que las manos, guiadas por pasión y conciencia, pueden convertir el metal en poesía y el sonido en medicina.

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