¿Cómo se llaman las coronas que usan las princesas?

Las Joyas de la Corona Británica

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Las Joyas de la Corona Británica constituyen una de las colecciones de orfebrería y platería más importantes y simbólicas del mundo. Más allá de su valor material, incalculable por la historia y las gemas que poseen, representan siglos de monarquía, tradición y poder en el Reino Unido. Son las protagonistas silenciosas de ceremonias de Estado trascendentales, siendo la coronación el evento cumbre donde despliegan todo su esplendor. Estas piezas, cuidadosamente custodiadas, han sido portadas por incontables monarcas, incluida la difunta Reina Isabel II, cuyos 70 años de reinado las vieron brillar en numerosas ocasiones.

La colección es vasta y diversa, incluyendo no solo coronas, sino también cetros, orbes, espadas ceremoniales, anillos y otros objetos rituales. Cada pieza cuenta una historia, a menudo ligada a eventos específicos, reinados o la incorporación de gemas legendarias. Aunque muchas de las joyas actuales fueron creadas después de la Restauración de la monarquía en 1660, tras la destrucción de las regalia medievales, siguen la tradición y el simbolismo de sus predecesoras.

¿Qué joyas tiene la corona de la reina Isabel?
Las joyas de la Corona británica son una serie de joyas, insignias y elementos pertenecientes a la Casa Real Británica. Sus elementos principales son las coronas reales e imperiales de Inglaterra, Escocia e India, junto con otros elementos como orbes, espadas y cetros. Trono de coronación e insignias reales británicas.

Las Coronas Protagonistas

Dentro del conjunto de las Joyas de la Corona, ciertas coronas destacan por su importancia ceremonial y su deslumbrante belleza. La Corona de San Eduardo es, sin duda, la pieza central. Es la corona oficial de la coronación, utilizada exclusivamente en el momento de la imposición al nuevo monarca. La versión actual fue elaborada para la coronación del Rey Carlos II en 1661, reemplazando la corona original que se creía perteneció a San Eduardo el Confesor y que fue destruida durante la Commonwealth. Es una corona imponente, hecha de oro macizo, adornada con rubíes, zafiros, esmeraldas, diamantes y perlas. Su peso considerable la convierte en una pieza que el monarca solo lleva por un breve periodo durante la ceremonia. Simboliza la soberanía y la dignidad real.

Otra corona de suma relevancia es la Corona Imperial del Estado. Esta es quizás la corona más vista públicamente, ya que la lleva el monarca al salir de la Abadía de Westminster después de ser coronado con la Corona de San Eduardo, y también la utiliza en ocasiones de estado importantes, como la Apertura Estatal del Parlamento. La versión que existió durante el reinado de Isabel II y que se conserva hoy fue creada en 1937 para la coronación de su padre, Jorge VI, basándose en un diseño anterior. Es famosa por la cantidad y calidad de las gemas que la adornan, siendo una de las coronas más ostentosas del mundo. Contiene gemas históricas de gran valor, como el Diamante Cullinan II (la Segunda Estrella de África), el Zafiro de San Eduardo (proveniente de un anillo que, según la leyenda, perteneció a Eduardo el Confesor) y el Rubí del Príncipe Negro (en realidad, un espinel). Su estructura de oro está cubierta por miles de diamantes, perlas, zafiros y esmeraldas, creando un espectáculo de brillo y color.

Existe también la Corona Imperial de la India, que aunque se guarda en la Torre de Londres, no forma parte de las Joyas de la Corona británica propiamente dichas, ya que no se puede sacar del Reino Unido. Fue creada para que Jorge V la usara en el Delhi Durbar de 1911, donde fue proclamado Emperador de la India. Es notable por ser la única corona de un monarca británico con ocho diademas, al estilo de las coronas continentales, en lugar de las cuatro tradicionales británicas. Su diseño y uso la distinguen de las otras coronas ceremoniales.

Cetros y Orbes: Símbolos de Autoridad Espiritual y Temporal

Los símbolos de autoridad que acompañan a las coronas son igualmente importantes. Los monarcas británicos utilizan dos cetros y dos orbes durante la ceremonia de coronación. El Cetro de la Cruz, realizado en 1661, es una vara de oro rematada con una cruz. Su característica más destacada es la adición en 1910 del diamante Cullinan I, también conocido como la Gran Estrella de África, el diamante tallado más grande del mundo, que supera los 530 quilates. El monarca lo porta en la mano derecha y simboliza su poder temporal bajo la cruz.

El Cetro de la Paloma, también de 1661, está coronado con la figura de una paloma, que representa el Espíritu Santo. El monarca lo sostiene en la mano izquierda y simboliza su papel espiritual como líder de la Iglesia de Inglaterra.

El Orbe del Soberano es una esfera hueca de oro, también de 1661, decorada con bandas de piedras preciosas y rematada por una cruz enjoyada. Simboliza el mundo cristiano y el papel del monarca como Defensor de la Fe. El monarca lo sostiene en la mano izquierda durante una parte de la ceremonia.

El Orbe Pequeño fue creado en 1689 para la coronación conjunta de Guillermo III y María II. Es una versión más pequeña del Orbe del Soberano y se utiliza en ceremonias donde se corona a dos monarcas simultáneamente.

Espadas Ceremoniales: La Justicia y la Misericordia

En la coronación se emplean cinco espadas ceremoniales, cada una con su propio significado. La Espada Enjoyada del Ofrecimiento, creada para Jorge IV, es la única que el monarca porta activamente durante la ceremonia, siendo ofrecida en el altar. Está bellamente decorada con los emblemas florales del Reino Unido.

La Espada del Estado es la más grande y pesada, simbolizando la autoridad real. La lleva el Lord Gran Chambelán delante del monarca en procesiones importantes. Las otras tres espadas son la Espada de la Justicia Espiritual, la Espada de la Justicia Temporal y la Espada de la Misericordia, que se exhiben ante el monarca durante la coronación, representando diferentes aspectos de la justicia y el gobierno.

¿Cuál es la corona más costosa?
1. Tiara Fringe de la Casa Real británica. La Tiara Fringe de la Casa Real británica es, sin duda, una de las piezas más emblemáticas y costosas en la historia de la realeza. Su creación data de 1835 y fue diseñada por el joyero británico Joseph Rosenthal para la reina Victoria.

Otros Objetos Rituales

La colección incluye otros objetos esenciales para la ceremonia de coronación, como el Anillo de Coronación, que simboliza la "fe católica" del soberano en la Iglesia (aunque hoy se interpreta más ampliamente como su compromiso con la nación y el pueblo); la Ampolla, un recipiente de oro con forma de águila que contiene el aceite sagrado para la unción; y la Cuchara de la Unción, una cuchara de plata dorada del siglo XII, la pieza más antigua de las regalia, utilizada para aplicar el aceite. También se incluyen los Brazaletes, que simbolizan la sinceridad y la sabiduría.

El Valor y la Custodia de las Joyas

Determinar el valor exacto de las Joyas de la Corona es prácticamente imposible. Su valor histórico, cultural y simbólico supera con creces el valor intrínseco de las gemas y el oro. Son parte del patrimonio nacional y no están a la venta. Están custodiadas en la Torre de Londres, uno de los lugares históricos más seguros del Reino Unido, donde son exhibidas al público bajo estrictas medidas de seguridad. La colección ha crecido y evolucionado a lo largo de los siglos, con la adición de nuevas piezas o gemas significativas en diferentes reinados.

El texto proporcionado menciona otras piezas valiosas asociadas a la realeza, como la Tiara Fringe británica, famosa por haberla usado la Reina Isabel II en su boda y por un pequeño percance antes de la ceremonia. Aunque no es una corona ceremonial, es una joya de gran valor histórico y sentimental dentro de la colección real británica.

Preguntas Frecuentes sobre las Joyas de la Corona

¿Quién es el propietario de las Joyas de la Corona?

Las Joyas de la Corona pertenecen al monarca reinante en su calidad oficial, no a título personal. Pasan de un soberano a otro al ascender al trono.

¿Están aseguradas las Joyas de la Corona?

No están aseguradas en el sentido comercial, ya que se consideran invaluables e irremplazables. Su seguridad se garantiza mediante la estricta custodia en la Torre de Londres y protocolos de seguridad muy elevados.

¿Se han robado alguna vez las Joyas de la Corona?

Sí, ha habido intentos de robo a lo largo de la historia. El más famoso ocurrió en 1671, cuando el Coronel Thomas Blood intentó robar la Corona de San Eduardo, el Cetro de la Cruz y el Orbe, pero fue capturado.

¿Se utilizan todas las joyas en cada coronación?

La mayoría de las piezas principales, como la Corona de San Eduardo, la Corona Imperial del Estado (al finalizar), los cetros, orbes, la ampolla y la cuchara, son esenciales para la ceremonia de coronación. Otras, como algunas espadas, se exhiben pero no se portan activamente por el monarca.

¿Cuál es la joya más antigua de la colección?

La Cuchara de la Unción, que data del siglo XII, es la pieza más antigua de las Joyas de la Corona utilizadas en la ceremonia de coronación.

Comparativa de las Coronas Principales

CaracterísticaCorona de San EduardoCorona Imperial del Estado
Uso principalCoronación (imposición)Coronación (al salir), Apertura del Parlamento y otras ocasiones de estado
Creación1661 (versión actual)1937 (versión para Jorge VI)
Material principalOro macizoOro
Gemas destacadasRubíes, zafiros, esmeraldas, diamantes, perlasDiamante Cullinan II, Zafiro de San Eduardo, Rubí del Príncipe Negro, miles de diamantes, perlas, zafiros, esmeraldas
Peso aproximado2.23 kg1.06 kg
Número de diademas44
SimbolismoSoberanía, dignidad realPoder del Estado, majestad

En conclusión, las Joyas de la Corona Británica son mucho más que una simple colección de objetos preciosos. Son testigos mudos de la historia, símbolos perdurables de la monarquía y la nación, y obras maestras de la orfebrería que continúan fascinando al mundo. Cada diamante, cada perla, cada diseño cuenta una parte de la rica y compleja narrativa del Reino Unido y sus soberanos, desde los tiempos medievales hasta el reinado de Isabel II y más allá.

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Alberto Calatrava

Nací en la Ciudad de Buenos Aires en 1956, en un entorno donde el arte y la artesanía se entrelazaban con la vida cotidiana. Mi viaje en la platería comenzó en el taller de Don Edgard Michaelsen, un maestro que me introdujo en las técnicas ancestrales de la platería hispanoamericana, herederas de siglos de tradición colonial. Allí, entre martillos y limaduras de plata, descubrí que el metal no era solo un material, sino un lenguaje capaz de expresar historias, culturas y emociones. Complemé mi formación como discípulo del maestro orfebre Emilio Patarca y del escultor Walter Gavito, quien me enseñó a ver la anatomía de las formas a través del dibujo y la escultura. Esta fusión entre orfebrería y escultura definió mi estilo: una búsqueda constante por capturar la esencia viva de la naturaleza en piezas funcionales, como sahumadores, mates o empuñaduras de bastones, donde animales como teros, mulitas o ciervos se convertían en protagonistas metálicos.Mis obras, forjadas en plata 925 y oro de 18 quilates, no solo habitan en colecciones privadas, sino que también forman parte del patrimonio del Museo Nacional de Arte Decorativo de Buenos Aires. Cada pieza nace de un proceso meticuloso: primero, estudiar las proporciones y movimientos del animal elegido; luego, modelar sus partes por separado —patas, cabeza, tronco— y finalmente unirlas mediante soldaduras invisibles, como si el metal respirara. Esta técnica, que combina precisión técnica y sensibilidad artística, me llevó a exponer en espacios emblemáticos como el Palais de Glace, el Museo Histórico del Norte en Salta y hasta en Miami, donde el arte argentino dialogó con coleccionistas internacionales.En 2002, decidí abrir las puertas de mi taller para enseñar este oficio, no como un mero conjunto de técnicas, sino como un legado cultural. Impartí seminarios en Potosí, Bolivia, y en Catamarca, donde colaboré con el Ministerio de Educación para formar a nuevos maestros plateros, asegurando que la tradición no se perdiera en la era industrial. Sin embargo, mi camino dio un giro inesperado al explorar el poder terapéutico del sonido. Inspirado por prácticas ancestrales del Himalaya, comencé a fabricar cuencos tibetanos y gongs usando una aleación de cobre y zinc, forjándolos a martillo con la misma dedicación que mis piezas de platería. Cada golpe, realizado con intención meditativa, no solo moldea el metal, sino que activa vibraciones capaces de inducir estados de calma profunda, una conexión entre el arte manual y la sanación espiritual.Hoy, desde mi taller Buda Orfebre, fusiono dos mundos: el de la platería criolla, arraigada en la identidad gaucha, y el de los instrumentos sonoros, que resonan como puentes hacia lo intangible. Creo que el arte no debe limitarse a lo estético; debe ser un vehículo para transformar, ya sea a través de un sahumador que evoca la Pampa o de un cuenco cuyas ondas acarician el alma. Mi vida, como mis obras, es un testimonio de que las manos, guiadas por pasión y conciencia, pueden convertir el metal en poesía y el sonido en medicina.

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